Os habéis fijado alguna vez en cuantas parejas se enfadan entre ellos, se gritan, se insultan sólo porqué no saben cómo gastar mejor su tiempo?
Podrían hacer un montón de cosas juntos, divertirse, aprovechar el tiempo, reír, hacerse bromas, conocer sitios nuevos… cosas que mejoran la calidad de vida y la alargan. Muchas, de hecho, son las investigaciones sobre la eficacia de las risas y del buen humor sobre la salud física y psicológica y en consecuencia sobre la largueza de la misma vida.
Y, no obstante, un mogollón de gente malgasta su único tiempo a discutir o pelearse, porqué está nerviosa, cansada, insatisfecha, infeliz, estresada por una vida de prisa, incapaz de comunicar sus propios deseos o aspiraciones. O más simplemente, incapaz de compartir experiencias de vida significativas y regeneradoras como la del VIAJE, para mencionar un ejemplo.
Viajar relaja, abre la mente, ayuda a descubrir nuevos modos de vivir, de comer, de divertirse, de estar juntos. Viajar refuerza el espíritu y une los corazones que viven el mismo paisaje, la misma maravilla natural o arquitectónica. El viaje es una comunicación silenciosa, un compartir imágenes, olores, perfumes, sabores, palabras tacitas, pero pensadas juntos.
Y si el viaje y el viajar son tan beneficiosos para el ser humano, para el espíritu y el cuerpo por qué no aprovechar la ocasión para realizar el intercambio de casas? Podemos permitirnos diversión y relax y de descubrir nuevos lugares no teniendo que vaciar por fuerza nuestra tal vez mísera cuenta de ahorro.
Tenemos sólo que confiar en los demás y preparar un poco nuestro hogar para acogerles. Y así harán nuestros compañeros de intercambio para nosotros. Y luego nos quedará sólo de prepararnos a nosotros mismos para experiencias únicas y que merecen la pena.
Compartir más de un viaje al año, aunque breve, es un método seguro para mejorar nuestra vida de pareja, para construir un bagaje de experiencias comunes y para dar espacio al corazón de sentir sentimientos nuevos y más fuertes hacia la persona que vive con nosotros estos trayectos.











Y no olvidemosnos de la maravillosamente única experiencia del giro en balsa ofrecida por el rio Cherwell. Procuraos una botella de Pimms, un picnic con unas focazas y mermelada de fresas y dejaos transportar perezosamente largo las orillas de este limpio rio verde, tal vez con un libro de poemas de Keate que rellene armónicamente vuestra mente junto con un aura típica del verano británico..

